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ECONOMISTAS: PUNTO Y SEGUIDO

Fecha: 17/07/2019

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En el interesante y entretenido libro “Optimismo para torpes”, el sociólogo y periodista Carlos Hernández describe la retórica del victimismo o como los humanos tendemos, en una actitud infantil, a culpabilizar de nuestros problemas a otros. Por ello nos propone algún antídoto contra estos “ladrones de energía” de modo que podamos avanzar por la senda del optimismo responsable. De la misma manera, a lo largo de estos años de dura crisis económica, los economistas hemos sido la diana de todas las críticas por el grado de responsabilidad y acierto/desacierto que, supuestamente, hemos tenido en la predicción del desastre. Cuando le echamos la culpa a otro puede que nos sintamos mejor a corto plazo, pero a largo plazo nos estamos haciendo un flaco favor. Al no reconocer nuestra parte de culpa (o de responsabilidad, si se prefiere) nos estamos privando de la herramienta más poderosa del intelecto humano: el aprendizaje. Como bien dice el profesor Carbó, lo que ocurre es que con la economía estamos hablando de una ciencia social y eso da mucho juego para confundir opinión y ciencia, para el intrusismo, oportunismo e, incluso, el populismo. No es objeto de esta tribuna realizar una “defensa numantina” de una ciencia que está siempre en permanente debate y una profesión que precisa en todo momento de una autocrítica constructiva. Pero quiero reivindicar que, por encima de toda circunstancia concreta, los economistas somos necesarios en el desarrollo económico de los pueblos. En la laudado de investidura de doctor honoris causa del profesor Samuelson, en la UNED, el profesor Fuentes Quintana decía: “España precisa, para conseguir un crecimiento económico estable y competitivo, la colaboración de economistas capaces de mejorar con su conocimiento e imaginación las técnicas aplicadas para la asignación eficiente de los recursos en el sector público y privado y demanda también una difusión de las verdades de la Economía entre todas las clases de la población y por todos los medios disponibles, pues de la ignorancia de esas verdades nacen, en su mayoría, los peores males sociales". En consecuencia, el quehacer del economista ha de proyectarse tanto hacia el estudio de la asignación eficiente de recursos como de las leyes de distribución de la riqueza social. No es misión del economista determinar la sociedad ideal. Su misión es evaluar los costes y beneficios de las distintas políticas. El político debe elegir, pero también debe saber qué elige, dice el profesor Mas-Colell. Volviendo a la realidad, la transformación en la forma de producir y seguramente también en la forma en que consumimos, implicará un reto para la sociedad mundial en la creación de nuevos empleos en nuevos sectores. En este propósito, el Estado tendrá un rol fundamental: crear políticas activas que, en un ambiente de cambio acelerado, puedan aminorar las fuertes desigualdades y asegurar un estándar de vida digno. En este escenario, los economistas estamos abandonando nuestros “elegantes” modelos matemáticos, lo que Ronald Coase llama “Economía de pizarra” y estamos poniendo el foco en hacer estudios empíricos, en emplear datos, ahondando en los mecanismos reales del funcionamiento de la sociedad y encontrar los fallos en nuestra estructura económica con el ánimo de mejorarla. El pensamiento económico no puede limitarse a invocar el mérito de la minimización de costes en el uso productivo de recursos escasos. La ciencia de la economía tiene que ofrecer también razones que permitan vislumbrar que la utilización de estos recursos sirve, efectivamente, para satisfacer las necesidades de los individuos, de modo que la forma de vida impulsada por el sistema económico termine resultando justa para todos. Si tuviéramos que buscar el origen de todas las manifestaciones del pensamiento económico, tanto las explícitas en los libros, registros de negocios, testamentos y cartas, como las implícitas en las instituciones y formas de vida, habría que remontarse demasiado lejos en la historia. "La riqueza de las Naciones", de Adam Smith, publicado en 1776 y considerado el primer libro moderno de Economía, contiene referencias a Pitágoras, Platón y Aristóteles. El análisis de Platón, es de interés para el economista debido a que uno de los conceptos centrales de su pensamiento, la división del trabajo, ha sido de suprema importancia para la economía política. Nuestra profesión viene, por tanto, de lejos y hoy constituye un colectivo heterogéneo con presencia tanto en la esfera pública como en la privada. Desde el asesoramiento a empresas, hasta la docencia en universidades y escuelas o su pertenencia a comités y consejos supervisores, en la esfera pública. El Colegio de Economistas, constituido como institución de derecho público sin ánimo de lucro, deviene en una pieza clave en nuestra presencia social, mejorando el conocimiento de la sociedad sobre la actividad que desempeñan los economistas, generando y difundiendo el conocimiento profesional y técnico de interés general. La crisis ha afectado a muchos de nosotros. Sin embargo, en este punto y seguido, nuestro colectivo sigue avanzando gracias a la cualificación y profesionalidad de sus miembros y su permanente compromiso de autoexigencia.

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