Noticias

UN NUEVO MODELO: LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN

Fecha: 03/04/2019

NV0eHnNkQDHA21GC3BAJ_Paris Louvr.jpg

Probablemente estemos todos de acuerdo en afirmar que, el objetivo principal que debe satisfacer la actividad económica, no es otro que el de alcanzar el bien común y el interés general. Para alcanzar esa meta, el conocimiento económico ha de ponerse al servicio de las personas y no al revés. Tal y como sostenía el economista británico Alfred Marshall (1842), el progreso económico es la condición más importante para la mejora social y moral. Y ese debe ser, por tanto, el objetivo de la ciencia económica como disciplina moral. Desde esta perspectiva, la denominada Economía del Bien Común, cuya propuesta original pertenece al economista austríaco Christian Felber (Salzburgo 1972), está basada en los principios y valores universales de los derechos humanos: dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social y democracia. El objetivo de este modelo, según ha manifestado su creador, es promover una economía de mercado "ética", además de plenamente "liberal", algo que, a su juicio, es totalmente factible. También el Premio Nobel de Economía Jean Tirole (1953) se pregunta qué ha sido de la búsqueda del bien común, en su interesante ensayo La Economía del Bien Común. ¿En qué medida la economía puede contribuir a su realización? Razona Tirole que la búsqueda del bien común pasa, en gran medida, por la creación de instituciones cuyo objetivo sea conciliar el interés individual y el interés general. En este sentido, la economía de mercado no es, en absoluto, una finalidad. Es, como mucho, un instrumento y un instrumento muy imperfecto, si se tiene en cuenta la discrepancia que puede haber entre el interés privado de los individuos, los grupos sociales o las naciones y el interés general. Continúa afirmando el premio Nobel que la economía no está ni al servicio de la propiedad privada y los intereses individuales, ni al de los que querrían utilizar al Estado para imponer sus valores o hacer que sus intereses prevalezcan. A su juicio, la economía está al servicio del bien común. Su objetivo es lograr un mundo mejor. Para ello, su tarea es identificar las instituciones y las políticas que van a favorecer el interés general. Sin embargo, la economía, como las otras ciencias humanas y sociales, no tiene como objetivo sustituir a la sociedad a la hora de definir el bien común. El modelo de la Economía del Bien Común plantea la utilización de unos indicadores distintos a los indicadores clásicos que permitan medir no solo los aspectos financieros y monetarios de la economía, sino también aspectos sociales y culturales. Para medir el bienestar de un país, frente al indicador del Producto Interior Bruto, se propone como indicador el Producto del Bien Común; el cual incluye también aspectos como la cohesión social, la solidaridad, la participación, la calidad de la democracia, la política medioambiental, el justo reparto de los beneficios, la igualdad de género o la igualdad salarial, entre otros. La Economía del Bien Común no está en contra de las empresas, ni de la libertad, ni del mercado, pero considera que no es posible continuar por más tiempo con un discurso económico de pensamiento único en el que el dinero y el capital se han convertido en un fin en sí mismo. El objetivo de las empresas no puede ser exclusivamente la maximización del beneficio económico, porque eso supone un perjuicio para el entorno, para el medioambiente, para la sociedad, lo que no es sostenible. Algunos autores reconocidos en el ámbito de la dirección de empresas, como Michael Porter, ya señalan la necesidad de que las empresas no solo garanticen una determinada responsabilidad social, sino que se comprometan en la creación de valor social. El valor económico y el valor social van unidos, de manera que el éxito de la empresa ha de ser el de conseguir un valor compartido, que es la intersección de los dos valores: el económico y el social. Y eso ya no lo dicen solo los comunistas y los socialistas, lo dicen defensores del sistema capitalista como Michael Porter. Porque, la sostenibilidad del sistema, solamente se podrá garantizar cuando las empresas sean capaces de crear valor compartido. La Economía del Bien Común podría representar una evolución del capitalismo hacia un nuevo estadio en el que ya se puede hablar de una economía con rostro humano. Ya existen empresas, aunque ciertamente no demasiadas, en las que su éxito se mide en función del grado de integración y de inserción de sus trabajadores, la protección del medioambiente, la creación de empleo estable y de calidad o la participación activa y directa de los trabajadores. Han entendido que crear valor social no va en detrimento del valor económico, sino todo lo contrario.

[Volver]
Volver a Inicio

©2013 Colegio de Economistas de Cantabria