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REFUGIOS FISCALES

Fecha: 26/02/2019

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Los paraísos fiscales son un fenómeno de extrema importancia en la sociedad actual pero que sin embargo nunca han sido atendidos como se merecen ni por la administración, ni por los medios de comunicación ni por la sociedad. En este contexto, es necesario llamar la atención sobre el papel fundamental que juegan los paraísos fiscales en la economía moderna, subrayándose las numerosas ventajas que brindan para las empresas a costa de eludir la ley. Aunque tradicionalmente se habla de paraísos fiscales, no hay nada especialmente paradisíaco en la planificación fiscal internacional. El término anglosajón tax haven significa literalmente “puerto o refugio fiscal”, el cual se confundió con tax heaven, cuyo significado si es “paraíso fiscal”. Para mucha gente estos sitios son sinónimo de bienestar donde no caben los problemas. Sin embargo, esta es la cara amable de los paraísos fiscales. Lo que se esconde detrás de esa máscara de prosperidad y felicidad es evasión de impuestos, blanqueo de capitales, corrupción, un anonimato que posibilita operaciones con propósitos dudosamente loables… Por exponer algunas cifras, Tax Justice Network cita que tan solo las personas de gran riqueza poseen en paraísos fiscales en torno a los 11,5 billones de dólares, cifra bastante superior a los 195.000 millones de dólares que serían necesarios para reducir la pobreza a la mitad para el año 2015 según la ONU. Una de las principales características de los paraísos fiscales es su bajo o nulo nivel impositivo, el secreto en las transacciones financieras y la titularidad de cuentas, ausencia de controles de tipo de cambio o el desproporcionado peso del sector financiero en la economía. Todas las actividades que se desarrollan en estas sociedades residentes en paraísos fiscales tienen propósitos racionales desde el punto de vista financiero capitalista, pero irracionales desde el punto de vista ético y moral, amparando bajo secreto acciones ilegales y/o socavando la capacidad de los países para recaudar los impuestos necesarios para su desarrollo. Llegados a este punto, merece la pena distinguir entre competencia fiscal sana y perjudicial. La primera permite eliminar las ineficiencias y aumentar la neutralidad de los sistemas fiscales con el objeto de que la fiscalidad no se convierta en un obstáculo para el desarrollo económico, mientras que la segunda persigue atraer capitales o bases imponibles utilizando el elemento fiscal como ventaja comparativa. Si se tiene en cuenta que la legislación fiscal hace a los paraísos fiscales lugares con beneficios potenciales, mientras que las leyes de secreto los hacen ideales para la evasión fiscal, tanto el marco jurídico como el fiscal vigentes en esos países parecen indicar que la competencia fiscal ejercida es perjudicial.

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