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ECONOMÍA DEL CAMBALACHE

Fecha: 31/01/2019

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Se podría decir que las crisis económicas forman parte de la idiosincrasia de la economía de mercado. El capitalismo es un sistema socioeconómico cíclico, con fases expansivas, seguidas de otras de recesión. Pero, como señala el profesor Antón Costas, hay crisis convencionales, y grandes crisis. Las primeras no cuestionan las formas de gobernar la economía, el equilibrio entre poder de los mercados y poder de la política, ni las teorías a partir de las cuales los economistas explican el comportamiento de los agentes económicos y cómo funciona la economía. Las segundas sí lo hacen. Y esta crisis es de las últimas. Una forma simple de apreciar que estamos ante algo diferente a una crisis convencional es prestar atención a las palabras que con mucha frecuencia son utilizadas para describir las conductas y valores que están detrás de esta crisis. Son frecuentes términos como avaricia, fraude, corrupción, injusticia, robo, falsificación, desconfianza, ocultación de información, publicidad engañosa, mentira, imprudencia, negligencia profesional, cobardía, complicidad, prepotencia o arrogancia, por mencionar sólo las más utilizadas. La crisis, ni siquiera una de la magnitud como la que estamos viviendo, no puede poner un interrogante sobre todo el conocimiento acumulado a lo largo de las últimas décadas y sobre la capacidad de la ciencia económica para contribuir positivamente al bienestar de los ciudadanos. Sin embargo, qué duda cabe que deben extraerse lecciones y matizar, modificar o incluso abandonar ciertos paradigmas, supuestos o creencias que han sido generalmente aceptados en el campo de la economía. ¿Estamos ante una crisis provocada sólo por fallos del mercado, de la regulación y de las políticas macroeconómicas o ha jugado un papel determinante la cultura del nuevo capitalismo desregulado que surgió con las políticas liberalizadoras de los ochenta?. Para responder a este tipo de cuestiones es necesario escuchar la voz del análisis económico, la voz de los economistas. Sin duda, las interpretaciones económicas de la crisis, sus causas, consecuencias y soluciones son en términos generales correctas; pero, a la vez, resultan insuficientes para comprender en toda su complejidad la realidad económica que estamos viviendo. Insuficientes, porque omiten los sentimientos, actitudes y comportamientos y, especialmente, porque no toman en consideración las percepciones que tanto influyen en la confianza o la desconfianza en las instituciones, así como los valores, que serán importantes para arreglar los destrozos morales y políticos que va a dejar esta crisis. Las teorías económicas son las historias que utilizan los economistas para explicar cómo se comportan los actores económicos y cómo funciona la economía. Algunas de estas historias o teorías, dominantes entre la comunidad académica, han quedado muy tocadas por el hecho de haber impedido a los economistas ver lo que estaba ocurriendo y los gravísimos peligros que acechaban y a eliminar las cautelas y elementos prudenciales frente a los riesgos. Todo esto constituyó uno de los ingredientes del cóctel letal que condujo al desastre. La teoría económica estaría, por tanto, ante su propio fallo sistémico. Este panorama sugiere que, junto a algunos aspectos radicalmente modernos, estamos ante el retorno de alguna de las características más antipáticas del capitalismo histórico, caracterizado por llevar hasta el final la lógica de la maximización del beneficio, por lo que no es extraño que estén surgiendo ahora dentro del propio sistema voces que alertan sobre los peligros evidentes de la actual deriva. Pero quizá nadie lo ha expresado con tanta rotundidad como el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney. “Los excesos del sector financiero y el “fundamentalismo del mercado” que están en el origen de la crisis global están destruyendo el contrato social de igualdad de oportunidades, resultados y justicia entre generaciones”. ¹El músico argentino Santos Discépolo compuso, en el año 1934, el tango Cambalache (vocablo definido por la RAE como acuerdo o intercambio entre dos o más partes alcanzado de forma poco transparente).Algunas de sus estrofas decían así: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. Todo es igual; nada es mejor; lo mismo un burro que un gran profesor”.

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