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KEYNES Y EL FIN DE LA GRAN GUERRA

Fecha: 12/12/2018

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Como la historia ha mostrado, es alrededor del fin de las grandes conflagraciones bélicas cuando un nuevo orden geopolítico es discutido, negociado y finalmente pactado por las potencias vencedoras sobre la base de la cuota de poder que cada una haya logrado y en línea con sus respectivos intereses económicos y estratégicos. Más específicamente, son los líderes de esas potencias quienes definen los términos del pacto y los contornos del nuevo orden. En 1919, al final de la Primera Guerra Mundial, el gran economista británico John Maynard Keynes nos enseñó una lección invaluable y perdurable sobre esos momentos bisagra: cómo las decisiones de los vencedores impactan las economías de los vencidos, y cómo los pasos falsos de los poderosos pueden fijar el rumbo de las guerras futuras. Con una visión astuta, clarividencia y dotes literarias, “Las consecuencias económicas de la paz” Keynes en 1919 predijo que el cinismo y miopía de la base del Tratado de Versalles, especialmente la imposición de reparaciones de guerra punitivas para Alemania, y la falta de soluciones para las crisis financieras de los países deudores, condenaría a las economías europeas a crisis continuas que de hecho incitarían el surgimiento de otro tirano vengativo en la próxima generación. Con “Las consecuencias económicas de la paz” Keynes quería mostrar al mundo su oposición al Tratado, o más bien a toda la política de la Conferencia respecto de los problemas económicos. Llama la atención frente a la necesidad de centrar los esfuerzos en la reconstrucción económica de toda Europa, y no en la imposición de sanciones elevadas que, en última instancia, redundarían en la postración de todos. Acertado fue este análisis de Keynes, hasta el punto de pronosticar las inmediatas implicaciones que tendrían las decisiones desacertadas de Versalles. Así, a lo largo del libro, Keynes intenta alertar frente a las dolorosas implicaciones que traería, para todos, una paz negociada de la manera como se hizo. Lastimosamente, pronosticó mucho de lo que poco tiempo después ocurrió y que, en gran parte, se daba como reacción a lo dispuesto en Versalles. A pesar de los intentos de Keynes, quienes tenían en sus manos la solución hicieron caso omiso de sus llamamientos para evitar las devastadoras consecuencias de esa paz: la Segunda Guerra Mundial. Como dijo William Faulkner, “el pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”.

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