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DESTRUCCIÓN CREATIVA

Fecha: 08/11/2018

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El gran economista austro-americano Joseph A. Schumpeter (1883-1950) en el prólogo de su obra “Teoría del Desenvolvimiento Económico” sostiene que la economía es un proceso histórico que actúa construyendo y destruyendo no sólo aspectos propios de la economía sino los “mundos culturales” que se apoyan en ella. La innovación “consiste precisamente en la ruptura con la tradición y en crear una nueva” y, “si bien esto se aplica primariamente a su actuación económica, puede hacerse extensivo a sus consecuencias morales, culturales y sociales”. Esta idea de modernización económica va de la mano de la noción de “destrucción creativa”. Término ideado por el sociólogo alemán Werner Sombart y popularizado por Schumpeter. Realmente innovación y destrucción creativa son dos caras de una misma moneda. Sabido es que todas las revoluciones industriales han supuesto cambios disruptivos. Desde la introducción de sistemas de producción mecánicos hasta la última revolución industrial caracterizada por el uso de la electrónica y de la informática. El impacto que va a tener la denominada Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0 nadie puede preverlo en toda su magnitud; pero lo que sí se puede decir es que si consideramos que la competitividad de las empresas depende de su capacidad para desarrollar y adaptar las nuevas tecnologías en sus productos, servicios o procesos entonces la importancia del cambio tecnológico que supondrá todo lo que engloba la Industria 4.0 será tanto un aporte de fuerza creativa que la ayudará para mantenerse o crecer en los mercados, como una fuerza destructora que actuará a través de lo que pueda desarrollar la competencia que se suba a esta ola. Frente a esta ola se presenta un dilema para todos aquellos que tienen responsabilidad en las decisiones estratégicas de las empresas sean propietarios o directivos y es decidir el momento en que hay que subirse a ella. Hay que tener en cuenta que esta ola no llegará simultáneamente a cada uno de los sectores que se verán afectados y, por tanto, la oportunidad de subirse a ella aparecerá en distintos momentos. Y no es lo mismo decidir subirse antes de que la ola rompa o después. En el primer caso puede que nos adelantemos a la ola y no consigamos el impulso más fuerte que obtendrán aquellos otros que tengan la suerte de haber decidido en el momento adecuado; en cambio los que decidan subirse cuando la ola está rompiendo ya no podrán subirse porque lamentablemente la ola los arrollará. En todas las revoluciones industriales se han producido sustituciones por la “destrucción creativa” que han supuesto las tecnologías que llegaban frente a las existentes. Ahora bien como aún no sabemos cuáles van a ser las ganadoras no sabemos a quién va a afectar pero lo que si podemos estar seguros es que aquellos que se aferren a sus negocios tradicionales de “toda la vida” buscando impedir la llegada de otros nuevos mediante presiones a los políticos o a las administraciones a través de la puesta en práctica de normas legales, verán que a la larga los hechos les sobrepasan. Va a ser necesaria una reforma de la educación, a todos los niveles, que permita que el aprendizaje de los conocimientos y las habilidades necesarias para no perder el tren y quedarse fuera del mercado de trabajo, pueda llegar al máximo número de personas posible. En especial a aquellos que ya estén trabajando y vean en peligro sus actuales puestos de trabajo deberán de hacer el esfuerzo de formarse en las nuevas tecnologías por lo que serán necesarios planes de formación sectoriales.

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